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    EL NUEVO PAÍS - 16 de Abril de 2002
PATRICIA POLEO

La verdadera historia de un gobierno que duró sólo horas por estar sustentado en los intereses particulares y no en los del colectivo.¿Qué pasó? ¿Porqué la rebelión popular parece disuelta en agua de borrajas? La pregunta en labios de todos es de tan difícil respuesta, que muchos llegan a pensar que Carmona fue el instrumento de un auto-golpe en el cual Chávez busca consolidarse. Esta fantasía pudiera parecer sorprendente, pero la realidad es más sorprendente aún. Estamos frente a unos de los capítulos más disparatados de nuestro país. Uno de esos casos en los cuales la realidad supera a la imaginación.Para nadie es un secreto que en los últimos meses en el país se vivía un inaguantable clima de tensión. Se buscaban salidas a un régimen conflictivo que en opinión de expertos estaba arruinando al país. Un millón de desempleados nuevos, endeudamiento galopante con óptimos precios petroleros, alza inmoderada del costo de vida.

BUSCANDO UNA SALIDA
No había conspiración, pues los cuestionamientos se hicieron de manera abierta. En las últimas semanas todo el mundo hablaba de cuál era la mejor forma de salir de Hugo Chávez.Cada día las reuniones entre los distintos sectores de oposición eran más frecuentes. Las más concurridas fueron monitoreadas por la DISIP y de ellas hablaba de forma indirecta el presidente Chávez en sus cadenas. El círculo se fue estrechando y las reuniones decisivas se realizaron entre Carlos Ortega (CTV) Pedro Carmona Estanca (FEDECÁMARAS) y militares que, utilizando la brecha de los militares que se habían pronunciado por Chávez, a su vez se habían manifestado contra el régimen.La idea del golpe fue desechada desde el primer momento. Se hablaba de “hacer entrar a Chávez en razón” y obligarlo a renunciar. Pero la sociedad civil debía hacer dos cosas. La primera, demostrar que había consenso entre los diferentes sectores, y la segunda, probar que la opinión de la mayoría era que Hugo Chávez dejara la presidencia. De esta manera se ejercería el derecho a la rebelión popular establecido en el artículo 350 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.El acto de la Esmeralda, donde todos los sectores presentaron su proposición, mostró que sí había consenso entre todos los sectores civiles de la sociedad venezolana. Después vino la discusión para organizar la huelga general tras la cual se pediría la renuncia al presidente Chávez.Para la huelga general Carlos Ortega era la pieza fundamental. Desde el 10 de Diciembre de 2001, cuando se realizó el para nacional de 24 horas, el líder de la CTV recibía presiones de todo tipo para llamar a la Huelga General, pero Ortega alegó que las condiciones no estaban dadas, pues había que llenar algunos requisitos en cuanto a lapsos de conflictos laborales.

ISAAC PÉREZ: PROTAGONISTA
Un joven de 32 años, Isaac Pérez Recao, acaudalado heredero de Isaac Pérez Alfonso, interviene aquí como vocero de enlace de algunos militares que se querían alzar. Fue él quien financió la mayoría de los manifiestos y quien cancelaba los honorarios de los abogados defensores de los militares declarantes. Tenía a un grupo de estos militares, bajo su control, además de subordinar al presidente de FEDECÁMARAS, Pedro Carmona Estanga, su empleado en VENOCO, la empresa petrolera donde los Pérez Recao son accionistas determinantes.A esta dupleta militares/empresarios le faltaba el componente laboral, por lo que buscaron la vía para llegarle a Ortega. Concertaron varias reuniones en las que instaron a Ortega a ejecutar la huelga general para darle paso al apoyo de los militares. El presidente de la CTV siempre se mantuvo reacio. En privado expresó que quería usarlo para un acto irresponsable, inconstitucional, que daría paso a una dictadura de derecha.En todas la reuniones se habló de que la junta que debía sumir la transición debería contar con el componente empresarial, el laboral y el militar. Ortega se portó como el defensor de todos los partidos políticos, incluyendo el MVR, que ante una eventual caída de Chávez debía formar parte de un consejo, en el que debería tomarse en cuenta a la sociedad civil, los medios de comunicación y las ONG.En una de las últimas reuniones en la casa de Pérez Recao, que se sostuvieron antes de la huelga general, Pedro Carmona dictó una cátedra sobre las responsabilidades que todos tenían con el país. Preocupado porque no se cometieran ilegalidades. Carlos Ortega expuso sus puntos y el de sus trabajadores, insistiendo en el respeto a la Constitución, y acordaron reunirse de emergencia en un máximo de 2 días para presentar las listas de las personas civiles, que llevarían la transición después de la renuncia de Chávez.El enfoque de Isaac Pérez nunca fue del total agrado de Carlos Ortega, quien dejó esto claro en esa misma reunión, cuando se dirigió al joven para decirle: “Tú me vas a disculpar, esta es tu casa y si quieres me puedes botar de aquí después de lo que te voy a decir, pero yo tengo mucho que aclarar. Tu interés es poner allí a Pedro para tú poder manejar muchas cosas y tratar de recuperar todo lo que has dejado de percibir en estos tres años de gobierno de Chávez. Pero aquí todos nos tenemos que sacrificar para poder salvar este país y dejar a un lado los intereses particulares. Los trabajadores vamos a exponernos. Ustedes los empresarios ¿Qué van a poner? Aquí nos tenemos que sacrificar todos y dejar a un lado los intereses particulares por el bien del país. Si yo tengo que sacrificar la presidencia de la CTV y anularme luego, lo hago, pero igualmente lo tienen que hacer Ustedes con sus aspiraciones”.Isaac respondió inmediatamente: “¡Sí, sí! Aquí tenemos que sacrificarnos todos, no te preocupes que todo se hará pluralmente con el consenso de todos los sectores”. Isaac Pérez hizo todos los esfuerzos para que Ortega creyera su palabra. Siempre hablaba en nombre de Carmona.Aunque Ortega asistía a todas las reuniones, su criterio de la situación siempre fue particular, Isaac Pérez insistió en financiarlo, le ofreció hasta vehículos blindados y el presidente de la CTV jamás aceptó.Paralelamente PDVSA entraba en una situación crítica por las decisiones que el Presidente de la República había tomado sobre su junta directiva. Esto decidió a Ortega. Carmona tenía momentos de pánico que Ortega lograba apaciguar, comunicándole confianza.

SE CAEN LAS MÁSCARAS
La comunicación entre Pedro Carmona y Carlos Ortega continuaba fluidamente hasta el Jueves 11 de Abril en la mañana en uno de los programas maratónicos de la televisión, la conductora pidió entrevistar al mismo tiempo a Ortega y Carmona, pero uno de los directivos del canal lo impidió con el siguiente argumento:”Carmona me pidió salir solo, porque ya quiere deslindarse de Carlos Ortega” Y era cierto. Ya Carmona, manejado por su empleador, Isaac Pérez; había tomado su camino, excluyendo a todos los sectores de la vida nacional- incluida FEDECÁMARAS cuyos avisados patriarcas encabezados por Alberto Paúl, produjeron a última hora una declaración, poco difundida, en la cual advertían que los dueños de empresas no estaban ya en la línea de Carmona.El Jueves 11 se produce la mayor manifestación pública en la historia de Venezuela, cuando una multitud calculada por la prensa extranjera en 500.000 personas marcha hacia Miraflores. Pistoleros del gobierno, identificados en documento inapelable por las cámaras de televisión, disparan a mansalva sobre la multitud pacífica i inerme. El inspector general de la Guardia Nacional denuncia formalmente que él vio como la fuerza pública, cumpliendo instrucciones de Miraflores, no actuó para separar a los grupos enfrentados sino contra los manifestantes de la oposición. En la madrugada del Viernes, el general Lucas Rincón al frente del alto mando militar anuncia que Hugo Chávez ha renunciado.Para este momento, Carlos Ortega y Pedro Carmona se encontraban en Venevisión, junto con otras personalidades nacionales que habían asistido al acto al cual Luis Miquilena se separaba expresa y públicamente del régimen, como reacción ante la matanza perpetrada en la tarde. Se formó una mesa redonda de hecho, con la presencia de personalidades de todos los sectores que habían acudido a la invitación de Miquilena. Se habló de la Venezuela después de Chávez, de la parte legal, del paso a dar y de la manera de conformar un gobierno representativo, con amplia participación de todos los venezolanos. Algunas personas pidieron a Rafael Poleo tomar notas de las opiniones, para que redactara un acta básica que todos firmaran. Ortega instó a mantenerse dentro del marco jurídico constitucional.En determinado momento, Carmona dijo estar extremadamente fatigado y pidió se le permitiera dormir algunas horas para continuar las conversaciones a la mañana siguiente. Algunas personas le acompañaron hasta el ascensor. Allí, Poleo le preguntó sobre lo que era la preocupación de muchos, que los factores fundamentales del episodio histórico, fueran detenidos en sus hogares.

-¿Vas a dormir en tu casa?-, preguntó Poleo.
-No...Voy al (hotel) Four Seasons a bañarme y cambiarme...
-¿Vas a dormir vestido?-, le repuso el periodista, no se sabe sino con sorna o considerando que el caudillo gerencial quería estar listo para cualquier eventualidad.

Se fue Carmona y le siguieron otros concurrentes. Pocos quedaban cuando Poleo recibió una llamada de Fuerte Tiuna. Cerrado el teléfono, el periodista dijo a los presentes que la llamada era para informarle que Carmona estaba en Fuere Tina, en la oficina del general Vásquez Velasco, comandante del Ejército, formando gobierno bajo la dirección de Isaac Pérez. Carmona les había engañado.

REACCIÓN DE CARMONA
-¡Ya nos jodió!-, profirió uno de los asistentes. Ortega marcó números n su celular. Al otro lado Carmona:
-¡Mire...! Yo creí que usted era un hombre serio!-, tronó el sindicalista al empresario. Y continuó una dura reprimenda en la cual le hizo saber a Carmona la gravedad de su traición y le advirtió que no contara con el movimiento sindical para lo que estaban haciendo. Cortó Ortega secamente y volvió a marcar. A quien le atendió, le dijo que con ese mismo celular lo pusiera con el general Vásquez. Por la respuesta a lo que se dijo del otro lado, se supone que Vásquez Velasco le propuso irse a Fuerte Tiuna para participar del bizarro conciliábulo.-¡Yo no voy a ninguna parte! ¡No me meto en eso y conmigo no cuenten!-, bramó, congestionado, Ortega. Cerró el teléfono, se levantó, se paseó un rato, aparte hizo otras llamadas y volvió para manifestar su deseo de retirarse. Alguien se atrevió a decirle:” ¿Y por qué no vas...? Están formando gobierno...”
-No voy a cohonestar eso... Además, esa vaina no va a durar...En la mañana, el Consejo Directivo de la CTV, presidido por Ortega, se reunió para acordar rechazo a la operación montada por Isaac Pérez a través de Carmona.

EN LA COMANDANCIA
En la sede de la Comandancia del Ejército, zona reservada al Jefe del Estado Mayor, se habían instalado en un cubículo Pedro Carmona y su secretario Juancho Mejías, redactando la alocución en la cual informarían que era el nuevo gobierno. En el cubículo de enfrente estaba Allan Brewer Carías redactando a mano lo que luego sería el Acta Constitutiva del Gobierno de Transición. Dos cubículos más delante de Pedro Carmona, estaba Isaac Pérez, Daniel Romero-secretario privado de Carlos Andrés Pérez y futuro Procurador del gobierno de Carmona- y un tercero no identificado, se alternaban en la corrección de los manuscritos de Brewer Carías. Afuera, impacientes, se encontraban Eugenio Mendoza y José Rafael Revenga, quienes tímidamente se asomaban a los cubículos que delicadamente les cerraban en sus narices.El General Usón Ramírez-quien antes de los hechos había presentado su renuncia al presidente Chávez- entró al lugar varias veces para advertir que era preciso dar garantías al presidente Chávez, habida cuenta de que negociaciones realizadas por los Generales Rosendo y Hurtado Soucre con Chávez habían dejado claro que se le debía permitir la salida del país en compañía de sus familiares, como condición para la firma del Decreto de Renuncia a la Jefatura del Estado. El General Usón fue interrumpido por otro General que le dijo:”¡ No te metas en ese peo! Chávez ya está listo y aquí se queda!” Isaac Pérez y Daniel Romero sentenciaron entonces: “Chávez no puede irse. Debe ser juzgado por la masacre de ayer”Mientras tanto, un grupo de Generales entró a la oficina del Jefe del Estado Mayor, donde el General Enrique Mendoza Gómes había llevado a Chávez y ya lo esperaba Monseñor Baltasar Porras, quien también había abandonado la reunión en Venevisión. Allí conminan a Chávez a firmar la renuncia sin la garantía de su salida del país. Chávez se negó rotundamente. La salida y entrada de generales en perfecta fila y los apresurados pasos de los empleados de Isaac Pérez que lucían pistolas, chalecos y armas especiales, decían claramente de la confusión que reinaba en el 5to piso de la CGE. El general Usón manifestó en cuatro oportunidades más, que debía dejar a Hugo Chávez salir del país si firmaba la renuncia, y que si éste no la firmaba, se estaba ante un golpe de estado, lo cual era inadmisible para la tradición democrática del ejército.Brewer Carías replicó:” ¡No importa la renuncia! ¡Ya Lucas rincón la va a anunciar por televisión y eso será más que suficiente!”Seguidamente, Isaac Pérez, con Daniel Romero sentado en la computadora, fue nombrado uno de sus ministros.

 

 

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