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El Nuevo País - 18 de abril de 2002
Patricia Poleo

 

***La arrogancia de los militares adictos a Pérez Recao y la naturaleza derechista del gobierno anunciado por Carmona cambiaron la voluntad de los militares y decidieron el retorno de Chávez***


La autosuficiencia, la arrogancia y la prematura embriaguez de poder perdieron a Carmona desde el mismo instante de proclamarse Presidente de la República.


Las dudas del general
Cuando Lucas Rincón, acompañado del Alto Mando Militar, le anunció al país que Hugo Chávez había renunciado a la Presidencia, el comandante del Ejército, Efraín Vásquez Velazco, acompañado del general (R) Ovidio Poggioli, se encontraba en la sede de la comandancia, en Fuerte Tiuna, esperando que llegara Pedro Carmona Estanga acompañado de los juristas que debían redactar el decreto que regiría el gobierno de transición. Vásquez Velazco había sido decisivo para que se llegara a ese momento en que Chávez sería sustituido. Horas más tarde sería también decisivo para que regresara. Chávez había nombrado a Vásquez Velazco para que comandara el Ejército, muy en contra de su voluntad, después que Lucas Rincón regresara de un viaje a Washington, donde en el Pentágono se le mostraron las pruebas sobre hechos de corrupción cometidos por los generales a quienes Chávez hubiera preferido. El nombramiento de Vásquez Velazco lavaría la cara de la institución no sólo ante la opinión pública, sino ante el componente, ya que éste general era identificado con la institución, no con la política. En los últimos días antes del 11 de abril, Vásquez Velazco hizo movimientos que prendieron luces de alerta de un Gobierno que ya se sentía rodeado. Sentó ante la guerrilla una posición distinta a la seguida por el Gobierno. Además se negó a aparecer en los actos de apoyo al régimen que encabezó Lucas Rincón. Pero fue Vásquez Velazco el primero que la madrugada del viernes discrepó con Carmona. ¿Una junta no es conformada por varias personas? ¿No habíamos quedado en que serían tres, un representante de la Fuerza Armada, uno del empresariado y otro de los trabajadores? A Isaac Pérez Recao, presente junto con Carmona, quien se comportaba ante él como un subalterno, le pareció una insubordinación que el Comandante del Ejército se atreviera a hacer tales preguntas ante quien ya se presentaba como Presidente de la República, por lo que, frente a testigos, manoteándolo, lo puso en su sitio: "¡Aquí dijimos que no va a haber militares! ¡Es Pedro solo y punto!" Ante el peso político, Vásquez Velazco guardó silencio, quizás porque aún esperaba que se respetara su antigüedad, la cual le daba los méritos para ser escogido en el gabinete como Ministro de la Defensa. Poco después cayó en cuenta de que también en esto había sido engañado. Isaac Pérez y Daniel Romero se sentaron en la Comandancia, mesa de por medio, a hacer la lista de los ministros. Se reservaron para ellos los fundamentales, entre los que por supuesto estaba el cargo al que aspiraba Vásquez Velazco. "Ahí, en Defensa, ponme a Héctor Ramírez Pérez, el Vice-Almirante", dictó Pérez Recao y así quedó. Quienes conocen a Efraín Vásquez, dicen que en ese instante decidió retirarle su apoyo a Carmona. Hizo contactos. El golpe fue armado por teléfonos celulares, sin mover una sola tanqueta, apenas asomándolas para advertir.


Subversión Inmediata
Antes de la juramentación de Carmona, ya Vásquez Velazco había hecho los contactos. Uno de ellos fue con el general Raúl Baduel, comandante del batallón de paracaidistas, quien había aceptado con reservas la renuncia de Hugo Chávez e insistió en ver ese documento, pues no se conformó con la declaración de Lucas Rincón. Vásquez informó a Baduel que él tampoco había visto la renuncia firmada a pesar de estar tan cerca de los acontecimientos. Comentaron el hecho de que no se hubiera cumplido con el compromiso pactado con Chávez de dejarlo irse para Cuba con toda su familia, incluyendo sus padres. Baduel le comunicó a Vásquez que él se encargaría de que éste compromiso se cumpliera o de lo contrario, le retiraría el apoyo a Carmona.
El viernes en la tarde, los militares acuartelados asistieron por televisión a la oficialización de una dictadura de derecha. La composición elitesca del gabinete alborotó al chavismo atrincherado en los barrios humildes, en espera de la orden para moverse, según planes trazados previamente, sobre puntos estratégicos. Ya se comentaban entre los oficiales de todas las fuerzas las torpezas militares cometidas en Palacio. El contralmirante Carlos Molina Tamayo apareció vestido con su uniforme, a pesar de que fue dado de baja por un régimen legítimo. No se consideró necesario cumplir el trámite de reincorporarlo. La euforia impidió que Carmona y sus adictos se dieran cuenta que la Casa Militar que custodiaba el Palacio era el mismo de escogidos leales que había servido a Hugo Chávez. Al mando de la Casa Militar estaba el coronel Morao, quien se le alza a Carmona el sábado al mediodía y ordena a los soldados que abran las puertas de Mira flores a las masas chavistas, con las cuales los soldados celebraron el regreso de Chávez. Al coronel Díaz Vivas se le envía a Miraflores con la orden de conversar y negociar con Morao, quien por respuesta lo pone preso. Otro grave error fue no detener al general García Cameiro, comandante de la Tercera División de Infantería con mando sobre todos los batallones de Caracas. El sábado en la mañana, cuando ya los alrededores de Fuerte Tiuna se encontraban copados de manifestantes chavistas, García Cameiro se montó en una tanqueta con la que recorrió El Valle gritándole a la multitud: "¡Soy un soldado, y estoy con Hugo Chávez!".

Hablan los comandantes
Apenas escuchado el decreto el viernes, los comandantes de unidades tácticas del Ejército (batallones) acantonados todos en Fuerte Tiuna, exigen a los generales que conforman el alto mando del Ejército una definición de respeto al hilo constitucional. El sábado en la mañana, el general García Montoya -hoy Comandante del Ejército-, quien se encontraba en el Palacio Blanco y tampoco había sido sustituido por el nuevo régimen, se traslada a Maracay y junto a Baduel, llaman a los comandantes de las guarniciones, vía celular, uno por uno. La pregunta que hacían era: ¿Con quién está usted? ¿Con Carmona o con la institucionalidad? A lo que todos, sin excepción respondieron: Con la institucionalidad. Las guarniciones se habían puesto de acuerdo telefónicamente para dar el golpe a Carmona y esto fue acatado por un Vásquez Velazco resentido y molesto. El general de la Brigada Blindada, Rangel López (hijo del general Rangel Burgoin), fue enviado por el Ministro de la Defensa de Carmona a negociar con Baduel. La dura respuesta de Baduel fue: "¡Aquí no hay negociación, aquí lo que hay es Constitución!" Un mayor, cuyo nombre se desconoce, subió a la oficina de Lucas Rincón, en donde estaban reunidos los generales de Carmona, incluyendo al Ministro de la Defensa. Allí el Ministro le dijo: "Tranquilo, estamos negociando que Chávez se vaya a Cuba". El mayor respondió con la consigna de Baduel. "¡Aquí no hay negociación, hay Constitución!".

Carmona desconocido
Los oficiales que exigían que Carmona rectificara se ubicaron en la sede del batallón Ayala, donde se encontraban comandantes de los batallones Bolívar, Ayala, Codazzi, Regimiento de Comunicaciones, Policía Militar y los generales Vásquez Velazco, Manuel Rosendo, Colmenares Gómez y y Usón Ramírez, entre otros. Los oficiales le exigían a Vásquez Velazco que anunciara el desconocimiento a Carmona. En el Fuerte estaban periodistas de la televisión nacional e internacional y algunas radios. El comandante general del Ejército se comunicó con el director de Globovisión, Alberto Federico Ravell, quien le explicó que no se podía hacer el mensaje en vivo pues no había seguridad en la calle para enviar los equipos necesarios. El mensaje finalmente fue grabado y transmitido sin editar por los canales de televisión. Es cuando se hace del conocimiento del país los doce puntos que condicionaban el respaldo del Ejército a Carmona. La Guardia Nacional asimiló uno a uno los pasos que se dieron dentro del Ejército contra Chávez. Pero en Fuerte Tiuna privaron los oficiales que ya no querían que Carmona rectificara, sino que se fuera. Esto se acentuó cuando a manos del general Usón llegó un fax con la carta de renuncia de Hugo Chávez, pero sin firmar. Este mismo general se le acerca a Carmona, que ya estaba detenido en la Comandancia del Ejército, y le dice: `Usted no es Presidente legítimamente. Chávez debe regresar"

Chávez vejado
Hasta ese momento, Hugo Chávez había estado a las órdenes del contralmirante Molina. Testigos aseguran que mientras éste estuvo frente a frente a Chávez lo humilló de palabra. El escogió al grupo UOPE, élite de la Armada, para que custodiaran al Presidente en Turiamo y en La Orchila. Un alférez de Navío fue el encargado por el grupo que había dominado, el de Baduel y García Montoya, para llevar el mensaje de que todo había terminado. Ya el chavismo había tomado Miraflores y se encontraba dominando las calles del oeste y centro de Caracas. Chávez venía de regreso a Miraflores.

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