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El Nuevo País - 22 de abril de 2002
Patricia Poleo


***Si bien se cometieron muchos errores del lado del sector civil para que la transición de pedro Carmona Estanga no cuajara, del lado militar también hubo intereses particulares que privaron sobre los colectivos. La historia dentro Fuerte Tiuna entre viernes y sábado, da cuenta de ello.***

Mis crónicas anteriores han causado una duda alrededor de si Isaac Pérez Recao fue el único responsable para que la transición no pudiera cuajar. Quizás Pérez Recao representa los errores cometidos por los civiles, pero los militares que acompañaron a Pedro Carmona también incurrieron en fallas estratégicas. Los testimonios de los oficiales que se acercaban a la Comandancia General del Ejército la madrugada del viernes 12, coinciden todos en que varios oficiales generales como Vera Suárez, Díaz Castillo, Italo Fernández, Rodríguez Grau, Usón Ramírez, Roa Gómez, Rommel Fuenmayor, Velásquez Rojas, González Cárdenas, Colmenares Gómez, Sericia García Medina Gómez, González González, Pardo Acosta, Martínez Vidal, los coroneles Camacho Romero, Morillo Domínguez y Rodríguez Salas, entre otros, que habían apoyado la salida de Hugo Chávez, discutían abiertamente, en alta voz, los cargos a los que aspiraban. Guaicaipuro Lameda, llegó al lugar diciendo: "A mi por lo menos me salen unas accioncitas en PDVSA" reclamando así la presidencia de la empresa petrolera. Un oficial general, a quien se ha ligado estrechamente a Hugo Chávez, caminaba por los pasillos escuchándolo todo. A éI nunca pudieron convencerlo de que el Presidente había renunciado. Se trata del general Jorge Luis García Carneiro, comandante de la Tercera División de Infantería, quien sirvió de motor en Caracas para rendir a los oficiales que apoyaban a Carmona.


García Carneiro en acción
El sábado a las once de la mañana, García Carneiro, en presencia del general Silva Butrero, le pidió al comandante de la Policía Militar, el coronel Segovia Rojas, que dejara entrar hasta la sede del Ministerio de la Defensa a las masas chavistas que se encontraban rodeando ya el Fuerte Tiuna. Segovia Rojas se negó alegando que las tropas no estaban preparadas para un hecho similar, por lo que en la confusión irían resultar algunas personas muertas. Los comandantes de batallones habían obligado ya al comandante del Ejército, el general Efraín Vásquez Velazco, a que asistiera a una reunión en el Batallón Ayala, a las dos de la tarde. García Carneiro le ordena al comandante Cepeda, a cuyo cargo está el Batallón Ayala, que coloque los tanques en el Batallón Bolívar. La idea era hacer un punto fuerte con este batallón para obligar a Vásquez Velazco, (aunque hubiera que acudir al amedrentamiento) a retirarle su apoyo a Carmona. Cepeda le respondió a García Carneiro que había recibido instrucciones de Vásquez Velazco de no acatar órdenes de García Carneiro. Faltaba ya muy poco para que se realizara la reunión, por lo que tampoco habría tiempo de alistar con municiones los tanques, lo cual requiere de más de una hora. El primero en llegara la reunión fue el general (Div.) Ruiz Guzmán. Detrás llegaron Ovidio Poggioli Pérez, Guaicaipuro Lameda, entre otros. Los comandantes de 16 batallones se encontraban todos sentados, ya de acuerdo en la decisión de hacer respetaría Constitución. Es decir, retirarle el apoyo a Carmona. La reunión se realizó en el Casino de Oficiales. Militares que han servido de testimonio sobre éstos hechos, dicen que había numerosos civiles que no fueron identificados. Vásquez Velazco, apoyado por Guaicaipuro Lameda, Manuel Rosendo, Ruiz Guzmán, dijo que era necesario reconocer al gobierno transitorio de Pedro Carmona. García Carneiro intervino enérgicamente: "¡Ese no fue el acuerdo. Habíamos quedado en hacer respetar la Constitución Bolivariana..!" La discusión no se hizo esperar. Uno de los más reacios y rebeldes fue Guaicaipuro Lameda, a quien García Carneiro, enfrentó diciendo: "Esto no es problema suyo! ¡Esto es una decisión de los comandantes de batallones!" El comandante de Logística, el general Martínez Vidal, se dirigió entonces a los comandantes que se encontraban sentados juntos: "Ese señor (Chávez) fue el que armó a esos cerros y el que provocó todos esos muertos del jueves". García Carneiro lo interrumpió, diciéndole que esa no era la discusión. "¡Vamos a apegamos a los principios legales!" Varios generales presentes comenzaron entonces a redactar el documento que leería al país el comandante general del Ejército. García Carneiro se les enfrenta: "¡Yo voy a revisar ese documento!" Cuando tienen listo el documento, el general Navarro Chacín interrumpió para sacar del lugar a Vásquez Velazco. García Carneiro vuelve a intervenir insistiendo: "¡Vásquez no se va. Se queda. Este es un problema con los comandantes de batallones!" Vásquez Velazco decide, sin embargo, salir con el general Navarro Chacín y deja olvidado en la mesa el documento que habían redactado. García Carneiro lo revisó, dándose cuente de que reconocían en él como legítimo a Pedro Carmona y añadía que Hugo Chávez se tenía que ir del país, García Carneíro tachó con su bolígrafo todo lo que le parecía inconveniente y se dirigió a los comandantes: "¡Ya tenemos mucho tiempo esperando aquí. Vamos a exigirle al general Vásquez Velazco que se reincorpore a la reunión!" Salieron entonces todos a buscar al Comandante del Ejército. "General -le dijo García Carneiro- le agradezco que entremos a concluir". Una vez en el Interior del casino de oficiales, García Carneiro le indica a Vásquez Velazco que lea el documento: "Practique su dicción General, para que le hable correctamente al país". Los militares afectos a Carmona protestan airadamente, pero era tarde. García Carneiro introdujo a la prensa en el salón y Vásquez Velazco comenzó a leer. Los seguidores de Carmona, le pasan a Vásquez en el momento que está leyendo el documento, un papel a través de Rosendo, que decía que Chávez debía irse del país. Cerca de las 5 de la tarde, ya concluida la alocución al país de Vásquez Velazco, García Carneiro se entera de que lo quieren detener. Se hace acompañar entonces de los coroneles José Gregorio Montilla Pantoja y Granadillo Perozo y por el general Wilfredo Silva. Se acercan todos a la alcabala 3 del Fuerte Tiuna, que da hacía Coche, y se dan cuenta de que cientos de personas se encontraban exigiendo afuera ver a Hugo Chávez. García Carneiro se montó entonces en un tanque y les dijo, auxiliándose con un megáfono: "¡Señores es muy importante que ustedes permanezcan allí. De aquí no nos vamos hasta que no aparezca Hugo Chávez!" Esto causó una euforia lógica en quienes manifestaban en la alcabala 3. Seis tanques se encontraban allí, dando apoyo. García Carneiro ordenó buscar un equipo de sonido para que lo escucharan mejor. Allí hablaron partidarios de Hugo Chávez, entre ellos, el ministro Nelson Merentes. Luego se les animó con la música de Alí Primera. García Carneiro, a través del micrófono, le iba relatando a las masas chavistas una a una las guarniciones que se iban uniendo para desconocer a Carmona. Después de Maracay, Barinas había sido la segunda. A las 4 de la tarde el coronel Morao, jefe de las tropas de la Casa Militar, se había comunicado con García Carneiro para informarle que estaba con él: "¡Manténgase firme en controlar Miraflores!", lo instó García Carneiro. Su orden fue cumplida. García Carneiro, fue también quien el jueves al mediodía movilizó los tanques comandados por el general Wilfredo Silva, para proteger Miraflores, por órdenes del Presidente Chávez, quien también giró instrucciones para activar el Plan Ávila. 


Un coronel detuvo a Carmona
Al coronel José Gregorio Montilla le correspondió la tarea de rendir a los oficiales que se encontraban en la oficina del general Lucas Rincón Romero, en el piso 5 del Ministerio de la Defensa, y detener a Pedro Carmona Estanga. Un mayor y un capitán te informan al coronel Montilla que el Batallón Caracas está dispuesto a actuar para detener a Carmona y los oficiales en el piso 5. Al mando del coronel, tres capitanes y un mayor suben hasta la oficina donde estaban reunidos una decena de generales, sin Carmona. El coronel Montilla les dijo, al abrir la puerta: "¡Vengo a detener a Pedro Carmona por haber violado la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y por haber sido corresponsable de los hechos ocurridos en el país!" Ninguno de los generales respondió. El coronel insistió: "¡No aceptamos ponernos bajo su mando, porque ustedes han violado la Constitución Bolivariana de Venezuela!" El general Navarro Chacín intentó levantar la voz. "¡¿Con quién andan ustedes?!" -preguntó. El coronel Montilla respondió: "Yo represento a los oficiales jóvenes del país que están en desacuerdo con lo que está ocurriendo".El general ripostó: "¡Los militares no hablan en colectivo!" El coronel respondió: "¡Yo hablo por mí!" Y seguidamente lo hicieron el mayor y los tres capitanes. Los oficiales al mando de Montilla, dan plazo para que les entreguen a Carmona. Minutos después, un capitán le informa al coronel la ubicación de Carmona. Se dirigieron por un pasillo, entraron en una oficina y allí estaba Pedro Carmona, sólo, de espaldas. El coronel le dijo: "Ciudadano Pedro Carmona Estanga, ¡Usted está detenido!" Nervioso, Carmona respondió: "¿Por qué?" El coronel le aclaró: "Usted ha violado la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Se le van a respetar todos sus derechos". Manuel Rosendo y otros generales le pidieron al coronel que no se llevara a Carmona y que les dieran un plazo para ellos decidir y dirigirse al país. El coronel les entregó a Carmona y les concedió el plazo.


Renuncia Carmona
La decisión fue que Carmona renunciara y así lo hizo. Anuncia además que el Ministro de la Defensa es Lucas Rincón, tal como lo habían exigido los ofíciales al mando de García Carneiro. José Vicente Rangel llegó entonces al Fuerte Tiuna, específicamente al Batallón Caracas. Felicitó al coronel Montilla y se encontró con Pedro Carmona Estanga, a quien regañó como a un niño. "Pedro, ¿te das cuenta que estabas engañado?" Además le reclamó los atropellos cometidos durante los allanamientos. A los generales también les tocó lo suyo por parte de Rangel: "¿Cómo es posible que ustedes le hayan entregado el país a Fedecámaras?" Rangel ordenó a todos los oficiales que estaban presentes pasar a un gran salón. El coronel pidió la palabra para explicar la acción. En ese momento, quedaron detenidos los ofíciales que habían dado apoyo a Carmona hasta el final. La mayoría se mostraron sumamente nerviosos y por los cuarteles rondan ya los cuentos de que uno u otro habría pedido hasta perdón.


Lucas reclamó lo suyo
La noche del sábado, después de haber sido detenido Carmona, Lucas Rincón llegó al Ministerio de la Defensa, vestido con un mono deportivo, acompañado de Diosdado Cabello. Entró en la sala donde estaban los detenidos y reclamó su parte. Por ejemplo, que hayan permitido que su correspondencia, sus documentos personales y de trabajo, hayan sido revisados por un civil: "Hay que respetar al soldado derrotado", les recordó. Después de esta noche de enfrentamientos entre militares, en los que no se disparó un solo tiro, quedaron lesionados muchos oficiales que se asegura pujaban por cargos. Generales que se decían entre sí. "No podemos quedar afuera", otros que se asignaban embajadas, presidencias de institutos autónomos, cargos, cargos y cargos. La mayoría perdió el tiempo repartiéndose el país en vez de ocuparse de las previsiones logísticas para que no ocurriera, por ejemplo, que Miraflores había quedado aún en manos de oficiales leales a Hugo Chávez.

 

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